El primer banco de la historia

02 Enero, 2019

El primer banco de la historia


Un banco desarrolla muchas actividades. Los bancos centrales, por ejemplo, emiten moneda y promueven la estabilidad del sistema financiero. Los bancos comerciales financian a sus clientes, guardan sus depósitos y les ayudan a gestionar su patrimonio. También existen bancos de inversión, corporativos o de tesorería, entre otros. Son tantos los servicios que ofrecen estas entidades, que no resulta sencillo establecer cuál fue el primer banco de la historia.

¿Podemos considerar los préstamos sumerios de grano (3000 a. C. a 1900 a. C.) como las primeras operaciones bancarias? ¿O tal vez debemos hacerlo con los depósitos y préstamos que realizaban los templos babilonios? ¿Establecemos su inicio en el trueque o en la aparición de la primera moneda?

En cualquier caso, todos estos ejemplos se pueden considerar los ancestros de los bancos actuales. Todos ellos son los fundamentos del actual sistema económico y financiero mundial. Por eso merece la pena conocer algunos de ellos un poco más de cerca.

Una historia ligada a la seguridad

La posesión de bienes siempre ha traído un problema asociado: la seguridad. Mantener las posesiones a salvo es una tarea que se comenzó a delegar muy pronto. Los egipcios ya tenían algo parecido a casas del tesoro e incluso sus pirámides se consideran las primeras cajas fuertes de la historia. Pero parece ser que fueron los babilonios los primeros que dejaron sus depósitos en manos de hombres de confianza para que los custodiaran. A cambio, les pagaban hasta una decimosexta parte de sus tesoros.

El propio código de Hammurabi (1792-1750 a. C.), uno de los primeros conjuntos de leyes de la historia, establecía que “si un hombre da a otro plata, oro o cualquier otra cosa para guardar, deberá mostrárselo a un testigo y establecer el contrato antes de realizar el depósito”. Esta legislación también establecía límites a los tipos de interés de los préstamos que se efectuaban en aquella época, así como las consecuencias de sus impagos.

También los templos babilonios actuaban como instituciones fiscales y financieras. En concreto, algunos autores consideran el templo del Dios Sol como el primer banco del mundo. Los griegos también hicieron de sus templos depósitos seguros. Los fuertes principios religiosos de las clases nobles y las supersticiones de los no creyentes contribuyeron a crear una atmósfera de inviolabilidad alrededor de estos santuarios. Con el tiempo, empezaron a cobrar de manera regular por sus servicios y a prestar sus propios fondos a cambio de un interés.

El origen de la banca moderna

Las cruzadas estuvieron detrás de la creación de la banca moderna. Tras la toma de Jerusalén en 1099, los peregrinos cristianos viajaban miles de kilómetros a través de Europa para llegar a Tierra Santa. Los templarios, una orden de monjes guerreros, eran los encargados de velar por su seguridad.

Para hacer frente a un viaje tan largo, los peregrinos necesitaban acceder a sus bienes en distintos lugares sin llevarlos consigo, ya que podrían despertar el interés de los ladrones. Los templarios se convirtieron en la solución a sus problemas: un peregrino podía realizar un depósito en la iglesia templaria de Londres y retirarlo en la de Jerusalén.

Más tarde, los templarios pasaron a administrar los depósitos de sus clientes, realizando una gestión completa de los fondos. También efectuaban actividades de préstamo. No solo eso: llegaron a actuar como agentes inmobiliarios, realizando operaciones de intermediación entre vendedores y compradores.

También las cruzadas estaban en el origen de la actividad bancaria que floreció en Italia con la llegada del Renacimiento. Venecia, Florencia y Génova habían acumulado una gran cantidad de riqueza gracias al envío de tropas rumbo a estas misiones y al comercio marítimo.

Las casas de préstamos de la época estaban ligadas a grandes familias como los Bardi y los Peruzzi de Florencia, que llegaron a establecer agencias en Inglaterra, Alemania o Rodas (Grecia). Estas entidades prestaban fondos incluso a reyes y gobiernos. Precisamente fueron los impagos por parte del Parlamento británico y el rey de Sicilia los que llevaron a ambas casas a la bancarrota.

La famosa saga de los Medici también se dedicó durante generaciones a la actividad bancaria, que le permitió realizar una importante labor de mecenazgo durante el Renacimiento. La reputación de su negocio era reconocida en toda Europa.

Compra de deuda en las ferias

A mediados del siglo xvi, un fenómeno curioso se podía observar en la feria de Lyon (Francia), que era la más importante de Europa. Un mercader italiano sentado en un escritorio recibía a otros mercaderes, a los que entregaba piezas de papel firmadas. Lo que estaba haciendo este hombre era comprar y vender deuda, una actividad que le reportaba grandes beneficios.

Este sistema permitía que un mercader lionés interesado en comprar lana de Florencia acudiera a este agente para pedir una letra de cambio, que era un registro escrito de su balance de crédito. El valor de este documento se expresaba en una moneda privada, el ecu de marc, que no era ni la libra francesa ni la lira italiana.

La ventaja de este sistema consistía en que la divisa era reconocida por una red internacional de banqueros. De esta manera, el comerciante lionés o sus agentes podían viajar a Florencia y obtener moneda local para comprar la lana si lo deseaban: solo tenían que acudir a un banco local a intercambiar su letra de cambio por liras. La cantidad acordada se cargaba en su cuenta. También se podía enviar este documento directamente al vendedor de lana, que podría redimirla en un banco florentino.

Gracias a este sistema, el comerciante no solo podía cambiar divisas, sino que podía trasladar su solvencia, reconocida en Lyon, a Florencia, donde nadie le conocía. Este sistema tan ingenioso fue uno de los primeros instrumentos financieros internacionales.

Todos estos ejemplos muestran parte del recorrido que han realizado los bancos a lo largo de la historia. Estas entidades forman parte de un sistema que surgió para dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos. Una labor que ha venido desarrollando al menos durante los últimos 4.000 años.

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