Francesc Moragas y CaixaBank, un ejercicio centenario de RSC

07 Febrero, 2019

Francesc Moragas y CaixaBank, un ejercicio centenario de RSC


La responsabilidad social corporativa no es un añadido a la marca, forma parte del propio ADN de la identidad desde su nacimiento

Un enviado especial a la Exposición Universal de París de 1889, un contexto histórico convulso y una visión fuera de lo común. Tras estos elementos hay una historia que ayudó a moldear el desarrollo social de España. Es la historia de CaixaBank, una entidad centenaria que ya nació con fuertes rasgos distintivos. La responsabilidad social corporativa era uno de ellos y lo sigue siendo. La personalidad de su fundador, Francesc Moragas i Barret, y el momento en el que surgió su proyecto, tuvieron mucho que ver con ello.

Para poner esta historia en perspectiva, la Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa del IESE ha editado un cuaderno titulado “Francesc Moragas y la fundación de la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros: un ejercicio de responsabilidad social corporativa”.

Esta obra lleva a cabo un recorrido por la historia de la entidad, la de su fundador y la de la sociedad que los rodeaba. Un retrato preciso sobre cómo las ideas de una persona y su entorno pueden plasmarse en una organización con un gran impacto social y económico. Un proyecto que podía ponerse como ejemplo de responsabilidad social corporativa (RSC), cuando ese concepto ni siquiera había sido inventado.

Una personalidad y un momento únicos

El fundador de CaixaBank, entonces Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros, nació en 1868 en el seno de una familia acomodada de la burguesía de Barcelona, en un ambiente cristiano y liberal. Tras el fallecimiento de su padre, un prestigioso abogado, su madre contrajo segundas nupcias con el también abogado Juan Antonio Sorribas i Zaydín, un firme defensor de que el ahorro y el seguro eran beneficiosos para la sociedad, especialmente para las clases más populares.

¿Por qué este entusiasmo por las figuras del ahorro y el seguro? El ahorro permitiría guardar y, sobre todo, incrementar la riqueza del trabajador para afrontar la pérdida de ingresos que suponía la jubilación. El seguro, por su parte, ayudaría a hacer frente a contingencias que redujesen los ingresos de la familia,mediante la aplicación de las leyes de la estadística y la matemática.

Juan Antonio Sorribas fundó la revista Los Seguros, en la que colaboró su hijastro Francesc Moragas cuando todavía estudiaba Derecho. Precisamente a él le encargó que acudiera a la Exposición Universal de París de 1889. Moragas conocería allí el papel de entidades como la Caisse d’épargne et de prévoyance des Bouches-du-Rhône et de la Corse, fundada en 1821, y en cuyo modelo se inspiraría para la creación de la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros. Moragas fue perfilandoasí su pensamiento social, que desembocó en la creación de “la Caixa” en 1904. En ese año se puso al frente de su dirección general.

En aquella época, el contexto social era muy distinto del actual. España era un país en busca de su desarrollo industrial, que apenas había llegado a Cataluña y País Vasco. La pérdida de Filipinas, Cuba y Puerto Rico a finales del siglo XIX dejó al país sumido en una recesión económica que aumentó la tasa de desempleo, redujo los salarios y acentuó la inestabilidad financiera. Además, las familias trabajadoras corrían un riesgo real de verse abocadas a la miseria si su capacidad de trabajo se veía comprometida por una enfermedad o por la vejez del cabeza de familia. En este ambiente convulso tuvo lugar la huelga general de febrero de 1902 en Barcelona, que dejó 13 muertos. La agitación obrera se multiplicó en los años siguientes.

Este fue el caldo de cultivo en el que algunos intelectuales, políticos y empresarios se conjuraron para acometer la regeneración del país. La fundación de la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros, germen de CaixaBank, fue una de las respuestas de esas personalidades, entre las cuales se encontraba Moragas, ante los problemas que acuciaban a la clase obrera. Una entidad que se abrió a todo tipo de público y que pretendía que los obreros, con el fruto de su trabajo, contaran con la capacidad de ahorro necesaria para prever su futuro y el de su familia, así como protegerse ante cualquier contingencia.

Innovación responsable

El director general de “la Caixa” la concibió como una entidad benéfica que ofrece sus servicios a los trabajadores gratuitamente, pero no como una institución caritativa. “Esta institución será en su esencia moral, entidad humanitaria, pero, por los medios de que se valdrá para lograr sus fines, será organismo eminentemente económico”, afirmaba.

Moragas imprimió a “la Caixa” un fuerte ritmo en los años de su despegue. “la Caixa”, que surgió con ínfimos recursos, fue un modelo extraordinario de cómo unos profesionales y directivos motivados y capaces, la cultura que desarrollaron y la tecnología que emplearon fueron más determinantes que su músculo financiero.

Entre las innovaciones que desarrolló Moragas destaca  un conjunto de operaciones de pasivo que rompían con la tradicional y única libreta de ahorro que poseían todas las cajas de la época. Desde 1905 se crearon pensiones de vejez e invalidez con aportaciones individuales o conjuntas de patronos y obreros. En los años siguientes, se presentaron nuevos productos, como las libretas sociales de ahorro, las libretas de ahorro al portador o las imposiciones de ahorro a dos años fecha.

En 1917 se lanzó su operación estrella: las cuentas de ahorro, que no eran otra cosa que las archiconocidas cuentas corrientes, con las que la entidad entró en plena competencia con los bancos. Así llegaba a personas con recursos relativamente elevados. Además de una acelerada captación de clientes, “la Caixa” logró diversificarlos: el obrero industrial de las ciudades, pero también el pequeño propietario, el aparcero, el comerciante modesto o el artesano de las comarcas no industrializadas.

En cuanto a las operaciones activas, a partir de 1912 entró en el crédito personal y, en 1916, en el crédito hipotecario social (para casas baratas, escuelas, obras públicas, cooperación agrícola y actividades culturales). Su objetivo era utilizar el crédito para potenciar la actividad económica y el bienestar de sus clientes que, en general, pertenecían a los estratos inferiores de la sociedad.

Incluso la apertura de nuevas oficinas, parte esencial de la expansión de la entidad, se concibió como un servicio a la sociedad. Moragas estableció que “estas oficinas no solo sirven a la Caja de Pensiones para la realización de sus operaciones, sino que también constituyen para ella un medio eficacísimo de actuación pública, y le permite prestar auxilio a personas, entidades y corporaciones”. Hoy, la entidad mantiene intacto este principio. Una muestra de ello es la apuesta por potenciar su red de oficinas rurales, que le permiten promover la inclusión financiera y extender su Acción Social a poblaciones dispersas.

Moragas también consideraba que las cajas de ahorro debían tener una función educadora. Para él, impulsar la concienciación de los obreros en la previsión, el ahorro y los seguros era el modo de hacer una sociedad más justa, una sociedad mejor. Una filosofía que todavía hoy perdura en la entidad y que ha evolucionado en un Plan de Cultura Financiera específico con diversas iniciativas de difusión entre la población.

La apuesta por la responsabilidad social de CaixaBank desde sus orígenes es una de las principales razones por las que la entidad ha perdurado en el tiempo. La visión a largo plazo que tenían sus valores fundacionales, moldeados por Moragas, lo hizo posible.

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