Reto 4: Morales y Marquès rompen tabúes

15 Abril, 2019

Reto 4: Morales y Marquès rompen tabúes


CaixaBank organiza un encuentro entre un grupo de niños y dos de los medallistas paralímpicos españoles para normalizar la discapacidad y demostrar que el esfuerzo y el entusiasmo son capaces de romper cualquier barrera.

Un grupo de niños de edades comprendidas entre los seis y los doce años esperan ansiosos la llegada de los deportistas paralímpicos Nuria Marqués y Jordi Morales. Les han estado explicando que tendrán que entrevistar a los dos medallistas, así que los nervios de los minutos anteriores son parecidos a los del 5 de enero, antes de ver a su Rey Mago favorito en la cabalgata. En un momento dado, la organizadora del evento les dice en voz baja: “Os aviso de que quizá tendréis una sorpresa relacionada con las medallas…”. A lo que uno de los niños más mayores responde incrédulo: “¿Nos van a dar una?”, e inmediatamente la niña de su lado se levanta de un respingo y exclama: “¡Pues yo quiero una de oro!”.

Con esta inocencia afrontan los niños el encuentro que CaixaBank organiza en Barcelona bajo el lema Inconformistas del deporte. Se trata de una charla en forma de entrevista hecha por los más pequeños para derribar los tabús y prejuicios que hay en torno a los deportistas con discapacidad.

Uno de los mitos más habituales que hay alrededor del colectivo es que no llegan a ser independientes o que merecen la lástima de los demás. Sin embargo, Marqués y Morales demuestran rotundamente, con sus hechos y palabras, la falsedad de esta creencia. Ambos tienen historias de superación extraordinarias y llevan vidas felices que dedican, en gran parte, al deporte profesional. Así lo corroboran también los niños cuando le preguntan a Jordi Morales si sería feliz sin hacer deporte y él responde: “Sí que sería feliz, claro, pero si no fuese por la discapacidad y por el deporte yo no sería quien soy ahora, porque no habría participado en unos Juegos Olímpicos, por ejemplo”.

“¿Son chulos los Juegos?”, continúa una de las niñas con una sonrisa de oreja a oreja. Nuria Marqués responde con una gran respuesta afirmativa: “¡Son increíbles! ¡Fantásticos! En una competición que fui a ver como espectadora, la gente aplaudía tan fuerte que el suelo se movía. Se te pone la piel de gallina”.

Nuria Marqués, a sus 19 años, ya es doble medallista paralímpica de Río 2016 y ha ganado otras 10 medallas en campeonatos anteriores. Marqués tiene una discapacidad en la pierna izquierda -nació con el fémur más corto que en la pierna derecha- y comenzó a nadar precisamente por prescripción médica. “Mi médico le dijo a mi madre que me iría bien practicar algún deporte”, les cuenta a los niños. Desde entonces ha continuado nadando y mejorando día a día. “En total entreno unas seis horas al día, contando también el tiempo de gimnasio”. Pero, para asombro de los asistentes, la deportista cuenta que, además, está estudiando la carrera de Fisioterapia. “Menos mal que la Facultad y la piscina donde entreno están al lado”, comenta ella entre risas.

La curiosidad sin prejuicios

Una de las cosas que más interés despierta en los niños sobre Marqués es su pierna ortopédica, que ellos llaman robótica. Le preguntan si pueden tocarla y si se siente cómoda con ella. Ella les explica que le permite hacer vida normal pero que para nadar no la utiliza porque no se puede mojar y porque, en realidad, le estorbaría, ya que pesaría demasiado. “Al final, casi me siento muchísimo más cómoda nadando que caminando”.

El otro protagonista del encuentro, Jordi Morales, se dedica al tenis de mesa adaptado. También ganó dos medallas paralímpicas en los Juegos de Río y fue elegido Estrella Mundial del tenis de mesa paralímpico. El caso de Morales es diferente, ya que nació con una enfermedad degenerativa llamada espina bífida congénita que le dificulta el movimiento. La vida de Jordi comenzó con un pronóstico muy malo: “Les dijeron a mis padres que a lo mejor no podría caminar”, pero poco a poco fue derribando barreras hasta construir un brillante palmarés deportivo.

Su tenacidad le ha llevado a lo más alto y cuenta que la clave para ello es que cada uno conozca sus propias limitaciones. “Algunos competidores me ha dicho que, al principio, pensaban que intentando enviar la pelota de punta a punta de la mesa ganarían, porque veían que no me movía bien… Pero, al final del partido, habían sido ellos los que habían ido de punta a punta. Es importante saber cuáles son tus puntos débiles y aprovecharlos”.

Los dos deportistas intentan hacer entender a los niños que la discapacidad les hace diferentes pero que todos lo somos de alguna forma. “Solo me di cuenta que era diferente porque había espejos, mediante la comparación con los demás, porque, realmente, yo sentía que podía hacer lo que hacía cualquiera”. De la misma forma se expresa Marqués, que subraya que no la ve como un problema: “He crecido con ello y he podido hacer prácticamente de todo: nadar, esquiar, ir en velero…”.

Al final del encuentro, llega el momento más esperado por todos. Los deportistas sacan a relucir sus medallas. “¡Qué pedrolo!”, “¡Espectacular!”, son algunas de las expresiones que exclaman los niños al verlas y acercarse a tocarlas. Su sorpresa no decae cuando, además, descubren que algunas suenan al moverlas. “Las medallas las hacen con sonidos diferentes para que las personas que tienen discapacidad visual puedan reconocer cuáles son”, les explica Marqués.

“¿Qué consejo nos daríais?”, es la última pregunta que formulan los niños. “Que, hagáis lo que hagáis, lo disfrutéis”, concluye Marqués. “Que nunca os digan lo que no podéis hacer. Tenéis que probar y comprobar por vosotros mismos todas las cosas, y luego decidís por vosotros”, añade Morales.

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