¿Es hora de despedirse del dinero en efectivo?

Todos reconocemos un billete o una moneda con solo mirarlos. Son objetos de uso común que nos facilitan cubrir nuestras necesidades, incluidas las más básicas. Nos sirven para comprar alimentos y ropa, para disfrutar de nuestro ocio o para adquirir medicinas que nos ayudan a superar enfermedades. Esto es así porque el dinero es el medio de pago por excelencia en todo el mundo y el efectivo, su representación más universal.

Para llegar a ese estatus, el dinero en metálico ha realizado un largo viaje, que se remonta a miles de años atrás. Ha logrado convertirse en un medio de pago comúnmente aceptado, fácil de transportar, difícil de falsificar y que genera confianza. A lo largo de todo ese tiempo, ha cambiado de forma para responder a las necesidades de la población de cada época. Por eso no es de extrañar que, en plena revolución tecnológica, el dinero mute una vez más para acabar por digitalizarse completamente.

Todo indica que, con el paso de los años, se apuesta cada vez más por sistemas digitales en detrimento de los billetes y monedas. Es algo que ya podemos observar tras la popularización de las tarjetas de crédito y, últimamente, de los pagos sin contacto a través de dispositivos inteligentes, en lo que se ha venido a llamar la Low Touch Economy o economía de bajo contacto.

Tecnologías que despegan

En una reciente videocharla organizada por CaixaBank, Silvana Churruca, CEO del Payments Innovation Hub, explicaba cómo los pagos sin contacto han experimentado un importante espaldarazo durante la crisis del coronavirus, por su capacidad para efectuar los pagos sin necesidad de tocar distintas superficies. “Toda esta situación está suponiendo un impulso muy importante para unas tecnologías que ya existían y que ahora ocupan los primeros lugares de preferencia por parte de los usuarios. Incluso para esas pequeñas operaciones del día a día, como comprar el pan, que antes hacíamos en efectivo”, destacaba, para añadir que “en los últimos 15 años, nuestra manera de efectuar pagos ha evolucionado más que en los 150 anteriores”.

Un punto de vista con el que coincidía Eduardo Prieto, director general de Visa España: “La experiencia nos dice que cada vez más vamos a utilizar el pago por móvil en nuestras compras diarias”, aseguraba el experto. “El confinamiento ha acelerado la adaptación a los medios de pago electrónicos. Hoy tenemos diferentes tecnologías para pagar sin contacto a través de una tarjeta o un teléfono móvil”.

Se trata del caldo de cultivo perfecto no solo para consolidar el uso de los medios de pago digitales que ya conocemos, sino también para sentar las bases que empujarán otras tecnologías en el futuro. “Además del smartphone, existen otras tecnologías que están en proceso de despliegue. Por ejemplo, la tecnología biométrica”, resaltaba Silvana Churruca. Se trata de métodos de autenticación del cliente para poder efectuar los pagos y aportar mayor seguridad a las transacciones, un deseo que se lleva repitiendo desde el principio de los tiempos.

Precisamente, la seguridad es una de las grandes ventajas de los pagos contactless, junto con su rapidez, sencillez e incluso higiene, sobre todo en el contexto actual. Para Silvana Churruca, “estas nuevas tecnologías, en realidad, son un aliado para incrementar la seguridad en nuestro día a día, especialmente para proteger nuestros recursos frente al fraude. Compañías como Visa o CaixaBank dedican mucho esfuerzo no solo a detectar el fraude en tiempo real, sino también a ser capaces de predecirlo, para preverlo y evitar que ocurra”.

Los pagos electrónicos también aumentan el control sobre las operaciones que se realizan, sin descuidar la privacidad del usuario. “La tecnología actual no solo no resta capacidad de control sobre los gastos, sino que la multiplica. Sabes en todo momento dónde has comprado, cómo se segmentan tus gastos…”, puntualizaba Eduardo Prieto.

Una historia de adaptación

Ante este panorama futurista, es normal que surjan algunas preguntas. Por ejemplo, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? o ¿cómo hemos pasado del intercambio de pequeñas conchas en la prehistoria al pago contactless de la actualidad? En realidad, esta es una historia de adaptación. Las transacciones que requieren máxima liquidez siempre han encontrado un medio de pago adecuado a las circunstancias de cada época.

Este es un pequeño recorrido por la historia del dinero en efectivo y otros instrumentos similares a través de algunos de sus grandes hitos. En ella hay leones, invenciones procedentes del lejano oriente e incluso algún que otro comensal despistado que olvidó llevar su cartera para pagar su cena.

El origen del dinero

En algún momento durante la prehistoria, a alguien se le ocurrió que el trueque de bienes no era un sistema especialmente cómodo para aprovisionarse y comerciar. Recorrer kilómetros con un animal para intercambiarlo por herramientas presentaba problemas logísticos bastante evidentes. Además, resultaba difícil establecer el valor de uno y otro recurso. ¿Cuántas herramientas valía ese animal?

Esa fue la razón por la que se comenzaron a utilizar pequeños objetos a los que se asignaba un valor y que se pueden considerar los precursores de las monedas que todos conocemos. Hubo que esperar hasta el año 650 a.C. para que apareciera la más antigua que se conserva, el León de Lidia (actual Turquía), que mandó acuñar el rey Alyattes como medio legal de intercambio.

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