El lado más humano de la impresión 3D

01 Junio, 2021

El lado más humano de la impresión 3D


¿Qué tienen en común una copa de plástico negro y un órgano humano? A simple vista podría costar ver la relación, salvo si pensamos en que ambos se pueden fabricar. Es entonces cuando damos con la respuesta: la impresión 3D.

Aunque parezca novedosa, esta técnica apareció en los años 80 del siglo pasado de la mano de Charles Hull, un ingeniero que patentó la primera máquina capaz de imprimir un objeto a partir de un modelo digital. Poco a poco, su uso fue extendiéndose en el sector industrial por el ahorro que suponía para la creación de prototipos y testeo de productos, y pronto llegó al sector de la medicina para mejorar la vida de las personas.

3D y salud

Desde piezas dentales hasta extremidades completas, la impresión 3D ha revolucionado el mercado de las prótesis debido a que su precio es sensiblemente inferior, su tiempo de producción es reducido y su diseño se adapta al usuario final.

La irrupción de la COVID-19 y su extensión a nivel mundial dio un nuevo impulso a esta tecnología, especialmente cuando surgió el movimiento “coronavirus makers”, en el que expertos y aficionados a la impresión 3D se unieron para diseñar viseras protectoras y hasta respiradores.

Uno de los últimos usos que se ha dado a esta tecnología en el campo de la medicina ha sido el diseño de prototipos para imprimir órganos humanos para trasplantes, que se sumaría a la creación de arterias artificiales, material biológico y medicamentos.

Dejando a un lado las cuestiones bioéticas, la realidad es que el nivel de compresión del funcionamiento del cuerpo humano que se puede obtener gracias a su recreación supondrá un salto abismal en esta ciencia y hay quienes ya afirman que el futuro de la medicina será impreso.

La construcción 3D

La impresión 3D también brinda muchas oportunidades al mundo de la construcción. En 2013, la empresa china WinSun consiguió imprimir 10 viviendas en tan solo 24 horas y, desde entonces, cada vez más compañías han visto las posibilidades de esta aplicación y se han subido al carro: producir casas más sostenibles, generando menos residuos, de manera más rápida, eficiente y a menor coste.

Esta tecnología, además, permite producir refugios seguros de forma rápida en zonas afectadas por catástrofes naturales cuyas vías de acceso se ven obstruidas. También permite mayor libertad creativa, como la del puente peatonal que construyó Acciona en Madrid en 2016, pionero en el mundo, que gozó de una libertad total de forma.

Las ventajas son numerosas y las posibilidades, inauditas. Tanto es así, que Dubái se ha propuesto, para 2025, lograr que una cuarta parte de sus edificios nuevos sean impresos, y convertirse así en líder mundial en impresión 3D para la construcción civil.

Usos domésticos

Todavía es pronto para ver una impresora 3D en cada hogar, pero ya se están investigando las posibilidades de estas técnicas que en un futuro próximo llegarán a todos los públicos.

Accesorios para el vestido o el calzado, bisutería o juguetes son algunos de los objetos que ya se han fabricado a través de impresoras 3D sin residuos, sin stock y adaptados completamente a las necesidades del consumidor final.

Estas ventajas se materializan también en la cocina, donde la impresión de alimentos puede paliar el desperdicio de productos y ayudar a conformar una dieta adecuada a las necesidades nutricionales de cada cual. Controlar el porcentaje de proteínas, excluir un alimento que produzca intolerancia, adecuar la textura en caso de dificultades en la mordida o, simplemente, lograr una forma más atractiva para los pequeños de la casa son algunas de las posibilidades que ofrece ya la impresión 3D de alimentos.

Apretar un botón y que salga una galleta con forma de dinosaurio que, en realidad, tiene el valor nutricional del brócoli parece ciencia ficción. Como lo parece el poder ver los moáis de Isla de Pascua en la sierra de Gredos o el disponer, mañana mismo, de un brazo de titanio. Pero, como sucedió con la obra de Julio Verne, imaginar lo imposible solo es el primer paso para hacerlo realidad. Un día no muy lejano nos parecerá que la impresión 3D siempre estuvo ahí, como los coches, como los ordenadores, como la fregona. ¿Alguien se acuerda de cómo eran los zapatos cuando no salían de una impresora?