agricultura

06 Junio, 2019

“Hemos desarrollado un nuevo sistema para visualizar el campo eléctrico natural de la Tierra”

José María Martí Sauras, director de GLOBAL CEN, empresa ganadora de los Premios EmprendedorXXI en BalearesLos geólogos de GLOBAL CEN han desarrollado una tecnología que permite visualizar el campo eléctrico natural de la Tierra. Esta innovación tiene múltiples aplicaciones prácticas, sobre todo en el campo agrícola, en el medioambiental (puede ser una herramienta fundamental en la lucha contra la contaminación) o en el sector de la construcción. Con los Premios EmprendedorXXI esta empresa balear se consolida como una de las compañías del sector geológico más punteras del estado. José María Martí Sauras es su director. ¿Qué os ha aportado como empresa ser uno de los ganadores de los Premios EmprendedorXXI? Ser galardonado con el primer premio supone una gran inyección de energía y positivismo para el equipo, que ve reconocido su esfuerzo y potencial entre los muchos candidatos. Además, este reconocimiento nos ha aportado visibilidad. Las entrevistas y los reportajes en prensa son un gran aval frente a terceros: de cara a captar financiación, este aspecto es clave. ¿Por qué elegisteis el nombre de GLOBAL CEN, qué significa? CEN es el acrónimo de Campo Eléctrico Natural. Y Global tiene que ver, por un lado, con que las aplicaciones que desarrollamos abordan muchos ámbitos diferentes ─la agricultura, el medioambiente, la salud…─ y, por el otro, que se trata de aplicaciones de alcance mundial. ¿Qué es el campo eléctrico natural de la Tierra? El campo eléctrico natural es un campo físico asociado a la dinámica de la Tierra, como pueden ser el campo magnético o el gravimétrico. Es muy conocido por geólogos y físicos desde hace siglos. Nosotros hemos conseguido desarrollar un sistema de medición que permite visualizar este campo eléctrico natural en una pantalla, a través de un mapa CEN, con un método que nos aporta un plus de información. Esto tiene múltiples aplicaciones prácticas en diferentes sectores. ¿Cómo surgió la idea de crear una tecnología que permite visualizar el campo eléctrico natural de la Tierra? Como en tantas ocasiones, la idea fue fruto de una situación casual sumada a nuestra inquietud personal. En el marco de los estudios geofísicos convencionales había circunstancias que no podían explicarse, pero cuya reiteración no justificaba una casualidad. Tirando de ese hilo y a partir de ciertas observaciones pudo iniciarse el camino. ¿En qué puede ayudar a las empresas y gobiernos conocer visualmente el campo eléctrico de la Tierra en lo referente a la contaminación? La contaminación por hidrocarburo está muy extendida. Se destinan muchísimos recursos para investigar formas de erradicarla. El problema es que no hay técnicas eficaces que permitan detectar esa contaminación desde la superficie, por lo que se recurre a sondeos para encontrarla. Estos últimos son muy fiables, pero muy costosos. Además, tan solo ofrecen información sobre el punto concreto en el que se realizan. La herramienta que nosotros proporcionamos sirve para detectar la contaminación por hidrocarburo de suelos y aguas subterráneas. Nuestros mapas CEN se alteran con la presencia de hidrocarburos, y permiten definir las zonas contaminadas desde la superficie. Así, nuestra tecnología ofrece una imagen de la zona que se quiere investigar en la que destacan las zonas contaminadas, lo que permite un ahorro de costes. Los gobiernos son los que marcan las pautas a las empresas que tienen suelos contaminados. Recientemente, hemos firmado un acuerdo de colaboración con CEPSA que incluye un mayor desarrollo de la tecnología y del sistema. Confiamos en que la técnica pueda desarrollarse lo suficiente como para que los gobiernos confíen en ella como sistema de certificación de un suelo no contaminado o, en su caso, descontaminado. Vuestra tecnología también tiene aplicaciones prácticas para el sector agrario. Sí. En el sector agrario, realizar mapas CEN de parcelas agrícolas permite al agricultor definir la geometría del cultivo y obtener de este modo un mayor rendimiento. Hemos desarrollado un sensor de estado hídrico que va conectado a la planta e informa de manera continua (e inalámbrica) de la “sed” que tiene. Este sensor permite optimizar el riego, ya que el agricultor tiene controlado el estado hídrico de la planta al estar monitorizada en todo momento. De esta forma es posible regar las plantas con la cantidad justa de agua y en el momento exacto. Por otro lado, existen muchos cultivos en los que la calidad del producto final depende del control que el agricultor tiene sobre la “sed” de las plantas. Dicho de otra forma, es importante que las plantas pasen sed para hacer un buen vino o un buen aceite, por ejemplo. Ahora bien, si la “sed” es excesiva, puede arruinar toda la cosecha. Por tanto, es muy importante disponer de una herramienta que, de alguna forma, permita comunicarse con la planta y controlar técnicamente su estado hídrico, para ajustar el estrés y conseguir la máxima calidad. ¿Existen también aplicaciones prácticas para el sector de la construcción? El uso de nuestra tecnología en la construcción puede ayudar a determinar el grado de deterioro de un hormigón en masa. Este factor es importantísimo en cuanto a seguridad se refiere, ya que tener un mayor conocimiento de los materiales y de su estado puede ser un elemento clave para evitar accidentes como los del viaducto de la autopista de Génova (Italia) o el hundimiento del muelle en el concierto de Vigo el verano pasado. ¿Cuál creéis que es la principal innovación que aporta esta tecnología al mundo de la geología? En el marco de la geología académica, todavía debemos avanzar mucho en el estudio de la señal. Cuando sepamos qué procesos originan la señal que percibimos ─y que ahora conocemos─, podremos saber si esta tecnología puede aportar algo al conocimiento geológico. Estoy convencido de que será así, pero sería presuntuoso anticipar la validación de las hipótesis. En el ámbito de la geología aplicada, y más concretamente en el de la geofísica, nuestra tecnología ya está aportando los primeros resultados prácticos. Los electrodos que hemos desarrollado permiten medir el campo eléctrico sobre pavimentos como el hormigón o el asfalto, algo que hasta ahora no nos consta que haya sido posible. En consecuencia, podemos realizar prospecciones en emplazamientos en los que anteriormente no se podía, como en estaciones de servicio, para detectar la contaminación por hidrocarburo; en viales, para detectar cavidades, o bien en edificios históricos durante la realización de tareas arqueológicas. ¿Con qué barreras os habéis encontrado a la hora de conseguir llevar a cabo vuestro proyecto? La primera, cuya superación ha sido realmente un hito, fue introducir en el ámbito académico este nuevo concepto. Nuestros compañeros de las universidades con las que mantenemos convenios de colaboración son los auténticos especialistas en cada una de las materias que tocamos. Fueron ellos los que tuvieron que validar nuestros planteamientos. Aproximar a la universidad una determinada hipótesis puede ser complicado. Aunque debemos decir que, en nuestro caso, todo lo que hemos encontrado en la universidad ha sido colaboración absoluta, apertura de miras y voluntad de avanzar en el conocimiento, con el máximo rigor y sin prejuicios. Otro de los obstáculos con el que hemos topado ha sido la financiación. Y en este caso, hay que dar las gracias, por un lado, es a los socios que han invertido en la empresa y, por otro, a la administración, que nos ha concedido financiación y apoyo a través del programa NEOTEC. ¿Qué consejo le daríais a un emprendedor que se esté adentrando en el sector tecnológico? Que aborde su proyecto con la máxima ilusión, que no desfallezca y que una vez calculado el tiempo necesario para desarrollarlo, lo multiplique por tres. Esto último es una broma, aunque es cierto lo que se dice, salvo excepciones: las previsiones, por rigurosamente estudiadas que estén, suelen alargase. Aunque en mi opinión lo verdaderamente importante es que las cosas salgan bien. Siendo así, todo se puede replantear. ¡Ánimo a todos!

CORPORATIVO
02 Mayo, 2019

¿Nos puede ayudar la inteligencia artificial a detener la desertificación de la península?

Las investigaciones del ingeniero agrónomo Rafael González Perea han creado un modelo que optimiza el consumo de agua y energía en el sector agrícola, un avance que podría ayudar a detener el deterioro del ecosistema | La tesis de González Perea le ha valido para ganar la tercera edición del premio a la mejor tesis doctoral en el sector agroalimentario, otorgada por la Cátedra AgroBank de la Universidad de Lleida. Hace alrededor de 9000 años la zona que hoy conocemos como Sahara no era el mayor desierto del mundo, sino un inmenso vergel que pudo acoger algunas de las más tempranas sociedades de la humanidad. En aquel periodo, la conocida popularmente como Edad de Hielo acababa de terminar y las grandes superficies heladas habían dado paso a extensos prados y lagos; los investigadores creen que en aquel momento, el Sahara era un gran bosque, tal vez selva, repleto de vida. Hoy el Sahara es un lugar completamente diferente. Este radical cambio nos enseña que el clima y la geografía del planeta están en una constante transformación, la cual se ha acelerado como consecuencia del cambio climático producido por la actividad humana y que ya amenaza gravemente nuestra forma de vida. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el ingeniero agrónomo Rafael González Perea? Pues puede que este joven cordobés, reciente ganador de la tercera edición del premio a la mejor tesis doctoral en el sector agroalimentario, que otorga la Cátedra AgroBank de la Universidad de Lleida, tenga una de las claves para evitar que la península ibérica se convierta en el próximo desierto de Europa.Desde la Costa del Sol hasta prácticamente las faldas de las montañas cántabras; desde el Cabo de San Vicente hasta la Costa Brava, esa podría ser la extensión del desierto que durante este siglo se irá expandiendo por toda la península ibérica. No es una exageración, es una proyección de la que se hacen eco cada vez más miembros de la comunidad científica. Algunos estudios, como el del Ministerio del Medio Ambiente, incluso ya ponen un dato sobre la mesa: alrededor del 80 % de la superficie de España está en riesgo de convertirse en desierto. De ahí que investigaciones como la de Rafael González sean claves para paliar los efectos del cambio climático. «Eso no es todo —explica González en una entrevista concedida a CaixaBank—. A eso hay que sumarle que de aquí a 2050, según datos de la FAO, deberíamos aumentar la producción de alimentos entorno a un 50 %. Y si en España no tenemos suficiente suelo para incrementar los cultivos, estamos ante un paradigma bastante negativo». Ante esta perspectiva, el ingeniero agrónomo y el equipo de la Universidad de Córdoba con el que trabaja se han puesto a buscar la manera de trasladar las mejores innovaciones tecnológicas del momento, como el big data y la inteligencia artificial, a la producción agrícola. El objetivo es optimizar la agricultura de regadío sin aumentar la necesidad de superficie cultivable. «Con el big data y la inteligencia artificial lo que intentamos es anteponernos a la demanda que va a tener una comunidad de regantes en 1 o 2 días; así adecuamos la estación de bombeo a ese día, adecuamos la red de distribución a la demanda, evitamos pérdidas en la red…, incluso podemos llegar a contratar a tiempo real la energía para disminuir el consumo». Es la tesis de Rafael González, que se traduce en un uso más racional de los recursos, ahorro de costes, incremento de producción agrícola y otros muchos beneficios derivados del análisis de las necesidades y comportamientos de la comunidad de regantes.Aunque el sector industrial y de servicios parece ser el que más se ha beneficiado de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el mundo agrícola también ha adoptado con entusiasmo las nuevas oportunidades que ofrecen algoritmos y herramientas de análisis de datos masivos. «Se ve, sobre todo, en la numerosa cantidad de foros sobre el tema que ya se están organizando y en el público que acude a ellos». Para Rafael González, ya existe «una gran preocupación porque se sabe o se prevé lo que va a pasar en 20 años». El trabajo de concienciación sobre los efectos del cambio climático, al que todavía le queda mucho recorrido en el conjunto de la sociedad, no ha sido necesario en el sector agrícola. Los profesionales del campo, a todos los niveles, son conscientes de los desafíos que van a llegar en las próximas décadas y por eso ya se están tomando medidas. «En todos los eslabones de la cadena del mundo agro se está intentando utilizar el big data y la inteligencia artificial como una herramienta más». A esas tecnologías se van sumando cada vez más, como el uso de drones para la recogida de datos, una manera muy útil de entender qué está pasando con las cosechas en tiempo real y actuar en consecuencia. Pero todavía queda mucho trabajo por hacer. «Tenemos que seguir afinando más. Hemos creado un modelo de predicción de demanda de agua a un día a nivel de comunidad de regantes; hemos hecho un modelo de simulación de agricultura en el que somos capaces de predecir el 100 % de los eventos de riego y casi el 90 % del agua que va a utilizar cada agricultor cada día. Ahora estamos intentando predecir no solo en qué día sino en qué momento del día se va a regar».Para España, el sector agrícola es clave como uno de los principales exportadores de alimentos de Europa. De ahí se desprende que el interés y el uso de estas tecnologías «esté creciendo a nivel exponencial. En algunos eslabones cuesta un poco más introducirlo por una cuestión tradicional o cultural, pero lo importante es que la inquietud está ahí y va a crecer muchísimo en los próximos años», concluye Rafael González. Por su parte, la Cátedra AgroBank Calidad e Innovación en el sector agroalimentario de la UdL, creada en 2016, tiene entre sus objetivos fundamentales potenciar el reconocimiento de la investigación de excelencia que se está desarrollando en el ámbito agroalimentario, promover la transferencia de conocimiento científico y técnico entre investigadores, profesionales del sector y clientes de la entidad financiera, e impulsar la calidad e innovación en el ámbito agroalimentario. AgroBank, la línea de negocio de CaixaBank especializada en los sectores agrario y agroalimentario, financia esta Cátedra de la Universidad de Lleida (UdL), que abrirá en otoño el plazo para presentar candidaturas a la cuarta edición de este galardón para tesis doctorales. AgroBank, la línea de negocio de CaixaBank dirigida al sector agrario, ha consolidado su liderazgo en este segmento y tiene como clientes a uno de cada cuatro agricultores españoles. La propuesta de valor de AgroBank combina el desarrollo de los mejores productos y servicios adaptados a las peculiaridades de los agricultores, ganaderos o cooperativistas, junto con un asesoramiento cercano e integral. AgroBank cuenta con casi 1000 oficinas propias, donde los clientes tienen a su disposición 3000 profesionales con un alto conocimiento del sector, y realiza acciones de impulso al sector, como jornadas técnicas, acuerdos con organizaciones de relevancia, y las jornadas de la propia Cátedra AgroBank.

INNOVACIÓN