CaixaBank

04 Junio, 2019

La sostenibilidad añade una visión a largo plazo en el ejercicio de la RSC

Hace ya bastantes años que la sostenibilidad se ha convertido en una de las principales preocupaciones a nivel global, y como tal, aparece mencionada con frecuencia en multitud de informes, directrices y planes estratégicos en sectores e industrias de todo tipo. Por ejemplo, en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU.   En el ámbito empresarial, organizaciones y directivos también están cada día más convencidos de que la creación sostenible de valor no puede lograrse únicamente mediante la maximización de los beneficios a corto plazo, sino que exige una cultura corporativa responsable y orientada al largo plazo.   El concepto de sostenibilidad procede del ámbito medioambiental, y nace de la necesidad de dar con una nueva manera de relacionarnos con nuestro hábitat natural. Pero el concepto plantea también un reto más amplio que es específico del ámbito empresarial. En muchos casos, la cuestión de la sostenibilidad no aparece ligada directamente al uso intensivo de unos recursos naturales —bosques, reservas de petróleo o de gas, etc.—, sino más bien al deterioro de determinadas condiciones o ecosistemas, sin los cuales buena parte de nuestra actual forma de vida sería impracticable.   Es en este contexto donde aparecen esbozadas las primeras definiciones de sostenibilidad, que, a grandes rasgos, podría definirse como la capacidad de hacer uso de los recursos disponibles para satisfacer las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.   Poco a poco, esta noción de sostenibilidad ha ido extrapolándose a otros entornos, como es el caso de la empresa. Es obvio que toda industria y toda compañía produce un impacto sobre su entorno más cercano. Pero no únicamente sobre el medioambiental, sino sobre todos aquellos entornos en los que opera.   Asimismo, toda organización utiliza una serie de recursos, no ya únicamente de tipo natural, sino recursos económicos, humanos, sociales, etc. Tanto por el impacto que pueda tener sobre su entorno más inmediato, como por el uso que haga de los recursos necesarios para desarrollar su actividad, es posible hablar de una sostenibilidad de la actividad empresarial.   Y tal y como sucede con el medioambiente, ni los recursos que utiliza la empresa son ilimitados, ni el entorno en el que opera puede absorber todo el impacto de su actividad. De ahí que la sostenibilidad empresarial forme parte de la responsabilidad social de una organización, y deba ser traducida en una visión directiva y en un plan estratégico específicos.   El concepto de sostenibilidad guarda, por tanto, una estrecha relación con el de responsabilidad social corporativa. Ambos subrayan la importancia de valorar el impacto que la propia actividad posee sobre los distintos grupos de interés, pero la sostenibilidad añade algunos matices importantes a la definición de RSC: agrega una visión a largo plazo en el ejercicio de dicha responsabilidad, y señala una serie de ámbitos especialmente relevantes de cara a lograr dicha sostenibilidad a lo largo del tiempo.El último Cuaderno de la Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa del IESE, titulado precisamente «Sostenibilidad y RSC», trata de esclarecer con detalle la relación entre la sostenibilidad y la RSC, y examina qué ámbitos específicos de la actividad empresarial revisten una relevancia especial para lograr una gestión y dirección sostenibles en cualquier organización.   Para ello, el Cuaderno se divide en cuatro apartados. El primero aborda el origen y desarrollo histórico del concepto de sostenibilidad, así como su posterior relación con la RSC. En el segundo apartado se analiza con más detalle la sostenibilidad relativa al ámbito empresarial, y se identifican los ámbitos en los que esta tiene una especial pertinencia.El tercero examina cómo puede plasmarse en el seno de una empresa una forma de dirección y gobierno sostenibles. Finalmente, en el último apartado del Cuaderno se ha querido añadir un elenco de recursos disponibles para evaluar las políticas de sostenibilidad de una organización, distintos documentos y medidores que tienen como objetivo ayudar a las empresas a medir con más eficacia y dar a conocer sus esfuerzos en la materia.

SOSTENIBILIDAD
27 Febrero, 2019

La relación entre cohesión social y crecimiento inclusivo

«Cohesión social y crecimiento económico inclusivo son dos conceptos indisociables y que se retroalimentan. Por lo tanto, en un país en el que el crecimiento es más inclusivo, es más fácil que aumente la cohesión social», asegura Javier Ibáñez de Aldecoa en el último informe mensual de CaixaBank Research, que lleva precisamente por título «Cohesión social y crecimiento inclusivo: indisociables». Del mismo modo, en un país que tenga un nivel de cohesión social elevado, resultará más fácil que se lleven a cabo medidas que favorezcan un crecimiento más inclusivo, sostiene el investigador, porque «la cohesión social es uno de los factores que permiten que el crecimiento económico sea inclusivo». Pero lo contrario también es cierto: cuando el crecimiento se vuelve menos inclusivo, se corre el riesgo de que se deteriore la cohesión social, con todo lo que ello conlleva. En el informe de CaixaBank Research, Ibáñez de Aldecoa analiza la cohesión social en España, un elemento que considera «clave para poder determinar la capacidad que tiene para hacer frente a los retos que se nos presentan», y la compara con los países de su entorno. Para ello, el investigador ha construido un índice que ha denominado «indicador agregado de cohesión social (IACS)», que permite agregar y sintetizar en una sola métrica la información contenida en los 33 indicadores de cohesión social de los que dispone la OCDE.El informe destaca que los países nórdicos, que se caracterizan por tener una elevada calidad institucional, son los que se sitúan a la cabeza de la lista. Por otra parte, las economías emergentes, que cuentan con instituciones menos robustas y consolidadas, son las que presentan unos niveles de cohesión social más bajos. Eso permite una primera conclusión: la cohesión social viene determinada, en parte, por el nivel de desarrollo de las instituciones de cada país. En España, el grado de cohesión social se sitúa en una posición intermedia, aunque por debajo del promedio de la OCDE, según el IACS. En positivo, destacan los elevados niveles de satisfacción personal y el dinamismo del entorno social. Y en negativo, los bajos niveles de confianza en las instituciones. Portugal se encuentra ligeramente por debajo de su vecino español, resultado de unos niveles inferiores de satisfacción personal y de inquietud política. Por otro lado, países como Alemania, Finlandia o EE.UU. gozan de niveles de confianza mucho más elevados que España o Portugal, de modo que constituyen un punto de referencia importante en el que fijarse. «Cuando realizamos una comparativa entre países para los diferentes pilares obtenemos algunos resultados interesantes», señala Ibáñez de Aldecoa. «Por ejemplo, si nos centramos en el pilar de criminalidad, observamos que los países europeos son los que obtienen mejores resultados en esta dimensión, mientras que tanto EE.UU. como los países emergentes muestran una percepción de mayor criminalidad». Parece, por tanto, algo natural que las sociedades con estados del bienestar más desarrollados y generosos, como los europeos, salgan mucho mejor parados en este ámbito que los países emergentes o EE.UU. Finalmente, se utiliza el índice de cohesión social para estudiar su relación con el crecimiento inclusivo, y los resultados del informe confirman que se trata de dos conceptos indisociables. Javier Ibáñez de Aldecoa Fuster concluye que «en definitiva, ante la importante transformación del sistema productivo que suponen el cambio tecnológico y la globalización, y los desafíos que presenta el envejecimiento de la población, es importante actuar para reforzar la cohesión social, un elemento indispensable para poder llevar a cabo las reformas que promuevan un crecimiento inclusivo y sostenido».

SOSTENIBILIDAD